La biografía que a continuación se muestra es ficticia; se ha hecho pensando en un futuro, realizando las modificaciones precisas para que cuando nos la pidan en Hollywood no haga falta volver a retocarla. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. De hecho, jamás he jugado a las chapas, peonza o canicas... ni sé tocar aún "Óleo de mujer con sombrero"...

Ahí va ese regalo que nos ha hecho Antonio:

"Por obligación, y como información, estoy en la difícil tesitura de contar algo de mi vida, lo imprescindible (¡vaya usted a saber!), pero los recuerdos que tengo antes de cumplir 10 años me son borrosos, difusos... es decir, son carentes de relevancia en lo que a mí respecta.

Mi infancia transcurría con mis amigos del barrio en el jardín de la plaza jugando a las chapas, las canicas o la peonza. Cuando el mundo se empeñaba en joderme la existencia (de vez en cuando todavía lo hace), cogía mi BH de paseo y pedaleaba hasta que me perdía por algún carril solitario, y allí comencé a escribir versos llenos de ira contra lo que consideraba , y considero, injusticias de la vida.

Cuando cumplí 11 años, mis padres se lo montaron bien conmigo y me regalaron una guitarra. Ya soñaba con convertirme en Silvio y me daban las mil practicando con anodina calma los acordes de "Óleo de mujer con sombrero".

Pasó el tiempo, llegó el acné y con ello mis suspensos en secundaria, pero no me importaba; me preocupaba más robarle el corazón a ensimismada con su belleza. Pero como en la vida nada sale como lo planteas, encontré la antítesis de lo que buscaba y, ¿saben una cosa? me gustó.

Mis amigos del barrio, los que jugaban a las chapas, las canicas o la peonza, ya nunca estaban en el jardín de la plaza, mi bicicleta con la que me solía perder acumulaba polvo en el trastero, y decidí acompañar con acordes de guitarra mi libreta llena de ripios contra el mundo.

Y así comenzaron a nacer mentiras, rabia... con sangre fría. Pero ahora, cuando a las cosas que yo no he escrito lo empiezo a llamar música, echo de menos las cosas importantes, las que realmente necesito. Y si os digo la verdad no me puedo quejar (aunque lo haga casi siempre por vicio), porque aunque el tiempo sea un cabrón que pasa por delante obligándome a enderezar mi existencia, no cambio ni un ápice de lo que he sido, y sin lugar a dudas yo me quedo con la vida."

Contada en primera persona por Antonio Mellado.

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